Pasito a pasito, así se hacen las cosas.
Aunque el ímpetu te invade y la conquista de tus sueños ruge fuerte, el camino no es por ahí.
Lo descubrí hace nada, porque la nada era lo que quedaba... y ahí no apetece quedarse a dormir.
Quieres unos brazos cálidos que te soportan y te impulsan a mirar el azul del cielo aunque sea una noche muy cerrada. Te invitan a mirarte en ese espejo y volverte a reconocer.
Te saben fuerte y ésto te recuerdan... pero que a pesar de todo, esos brazos y ese corazón enorme están detrás para verte sonreír.
¡Gracias!
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